27 ene, 2026

Navarra, tierra de vinos que laten con identidad propia

Entre montañas, valles y paisajes singulares, nuestra región forja una rica diversidad enológica con esencia de garnacha. El resultado son vinos únicos, especialmente los rosados, que brillan con luz propia. Las bodegas navarras te abren sus puertas para que los saborees, descubras su valioso legado y conozcas todos los secretos de su elaboración, con propuestas originales que combinan paisaje, historia y cultura viva.

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Auténticos, frescos ¡y con una calidad que rompe moldes! Así son los vinos en Navarra, tierra vitivinícola por excelencia, donde conviven dos denominaciones de origen: Navarra y Rioja. 

Desde los relieves del norte de Navarra hasta las suaves llanuras del Ebro, la región presenta un extraordinario maravilloso paisajístico y climático que forja la identidad de unos vinos únicos. A lo largo de 9.000 hectáreas, los viñedos D.O. Navarra se convierten, así, en un escaparate de terroirs con cinco áreas diferenciadas: Tierra Estella, Valdizarbe, Baja Montaña, Ribera Alta y Ribera Baja

Todas ellas, herederas de una transformación que sitúa a los vinos navarros en primera línea del panorama nacional e internacional. 

Con la llegada en los años ochenta de variedades foráneas como chardonnay, cabernet sauvignon o merlot, que se sumaron a las ya tradicionales viura, tempranillo y garnacha, comenzó la revolución. Más adelante, en los noventa, un grupo de profesionales visionarios emergió con nuevas propuestas basadas en la calidad, la experimentación y el respeto por el origen, enriqueciendo definitivamente el perfil enológico de Navarra.

Hoy, nuestra región es un territorio efervescente, lleno de proyectos que celebran el terruño con creatividad y orgullo, y de vinos que reflejan la esencia de una tierra en constante evolución.

viñedos con hojas amarillas

La garnacha, el alma de los vinos navarros

La garnacha es la uva que mejor recoge la naturaleza vitivinícola de Navarra. Presente en la región desde el siglo XVII, a finales de XIX ganó protagonismo gracias a su resistencia a enfermedades como el oídio. Camaleónica y sincera, conquistó cada rincón de la D.O. Navarra, aprendiendo a hablar el idioma de cada suelo y reflejar el carácter de los territorios donde crece. 

Quizá por eso esta variedad en Navarra es tan especial: más fresca, más ligera, con una acidez viva y una explosión de fruta deliciosa. Con ella nacen los rosados que dan fama a Navarra, tintos expresivos que se combinan con otras variedades locales y vinos blancos con aromas florales y cítricos, profundamente ligados a la raíz. Porque aquí manda la tierra y la pasión de quienes los han elaborado con mimo durante siglos, a caballo entre la tradición y el espíritu innovador. 

Cortando un racimo de uva garnacha

Navarra en rosa

El rosado es uno de los grandes emblemas de Navarra: fresco, delicado, equilibrado y, en definitiva, ¡irresistible! Sin duda, el vino más famoso de esta tierra. 

¿Su esencia? La garnacha tinta. ¿Su secreto? el método de elaboración tradicional de ‘sangrado’, el único admitido por la D.O. Navarra. Un proceso casi ritual que deja reposar el mosto junto a la piel de la uva, para absorber lentamente su color y aromas, hasta que desciende al fondo del depósito, mientras los hollejos flotan arriba como un recuerdo. El sangrado es el momento decisivo, cuando el mosto limpio fluye sin prensar e inicia su propia fermentación. 

Nace, así, un vino más fresco, suave y colmado de fruta. Un sello distintivo que eleva su calidad, tanto en creaciones jóvenes como en crianzas. ¡Tienes que 
saborearlos!

Sirviendo vino rosado de una botella a una copa

Maridaje con sabor a tierra

Honestos y versátiles, los vinos navarros tienen el don de realzar platos típicos de Navarra sin robarles protagonismo. Si te vas de aperitivo, elige rosados o blancos liderados por chardonnays y viuras, de gran frescura y viveza. Con un sereno equilibrio entre fruta, acidez y un punto goloso, ambas versiones son ideales para acompañar también pescados, ahumados y setas

Y qué decir de los tintos. Capitaneados por el tempranillo, la garnacha y las variedades internacionales, ofrecen desde perfiles jugosos hasta creaciones más estructuradas y con carácter. Si te decantas por los jóvenes, acompañarás con acierto embutidos, patés y quesos suaves. Si eliges los crianzas, honrarás los guisos de la abuela, el cordero, la caza y los quesos curados.

Por su parte, los moscateles serán el mejor de complemento de foies, quesos azules y de los tradicionales dulces navarros

¡Y todavía queda la Denominación de Origen cava! donde se amparan los vinos espumosos naturales en Mendavia y Viana, únicos municipios navarros autorizados para su elaboración. Navarra logra, así, un plus de singularidad, con productos diferenciados que maridan a la perfección con aperitivos, pescados,
quesos e, incluso, con las famosas pochas navarras.

Dos personas sentadas en una mesa brindando con copas de vino

Bodegas que se visitan… y se viven

Sabiendo todo esto, ¡no puedes negarte a vivir una experiencia enoturística completa! Las bodegas D.O. Navarra nos abren sus puertas, su historia y sus botellas más preciadas, en un viaje repleto de sabores, aroma y tradición vitivinícola. 

Todo ello, en un marco natural y cultural extraordinario: el milenario monasterio de Leyre, los imponentes castillos de Javier y Olite, la ciudad monumental de Sangüesa, las foces de Lumbier y Arbaiun, Estella, Tudela… unidos por la ruta del vino. Un itinerario muy especial, que te acercará este valioso legado a través de talleres, exhibiciones, degustaciones, juegos, paseos, escapadas y todo tipo de experiencias en torno al vino. 

Comenzamos nuestro periplo en Bodegas Irache, una de las más antiguas de Navarra, fundada en 1981. En Tierra Estella, a los pies del monasterio que le da nombre, visitaremos el Museo del Vino, cataremos varias de sus creaciones y conoceremos su famosa Fuente del Vino, en pleno Camino de Santiago.

Nos dirigimos después hasta Bodegas Otazu, en Otazu, muy cerca de Pamplona, donde el arte y el vino conviven en silencio, custodiados por una majestuosa arquitectura, que nos guiará por barricas cargadas de historia. 

una copa de vino sobre una barrica

Seguimos la aventura en la olitense Unsi Wines. Nos montamos en el todoterreno, recorremos los viñedos de garnacha y continuamos la emoción en la bodega, con música en directo.

También en Olite, nos detenemos en Bodegas Ochoa, para descubrir su rica tradición familiar, culminando con una cata acompañada de aceite, queso y chocolate. ¡Una delicia!

De ahí nos vamos hasta Marco Real, donde el viaje comienza entre viñedos y continúa en su Sala de los Aromas, con 46 esencias que despiertan la memoria y afinan el olfato con un juego sensorial inesperado. 

viñedo con las hojas amarillas

Nos trasladamos después a Ablitas. Allí, en Pago de Cirsus, nos espera una auténtica experiencia gourmet, que incluye paseos, catas, ¡y hasta un picnic con vistas al Moncayo! Incluso podemos pernoctar en su hotel con vistas al viñedo y acompañar los vinos con lo mejor de la gastronomía navarra. 

También disfrutamos en Malón de Echaide, en Cascante, paseando por una bodega mítica con más de medio siglo de historia. 

Y para finalizar… ¡nos apuntamos a una experiencia arqueo-enológica! En Bodega Eslava, enmarcada en un escenario privilegiado: el yacimiento romano Santa Criz de Eslava, uno de los mejores conservados en el norte peninsular.
Te transportamos, así, hasta el corazón del vino navarro, donde cada copa encierra patrimonio, naturaleza y cultura viva. Si lo pruebas, no habrá vuelta atrás: ¡te atrapará sin remedio!

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